12 Tips para renovar el aire y mantener un vínculo positivo

A veces, las parejas confunden cercanía con “pegoteo”. La falta de espacios propios puede hacer que nuestra relación nos resulte tóxica. Sugerencias para prevenir o curar esta situación y aumentar nuestra calidad de vida emocional.

La mayor parte de las parejas consideran que cuanto más juntos estén ambos integrantes tanto más intenso y armónico es el vínculo. Hacerlo todo de a dos, desde ir al supermercado a salir con amigos, eliminar de la agenda todas las actividades que no puedan hacer en compañía, apartarse de amistades que por determinada razón al otro no le caen bien, renunciar a las actividades de las que el otro no puede participar, integrar a la pareja a todos los ámbitos, incluso al del trabajo, es signo de un vínculo tan poderoso y perfecto que nada ni nadie podrá destruir.

Sin embargo, las parejas cuyos integrantes renuncian a su identidad para, como dice el conocido bolero “perderse” en el otro, fundirse con él perdiendo el contorno de la propia figura, corren el peligro de terminar abruptamente o, por el contrario, de perpetuarse en una relación que comienza a ser tóxica para ambos. ¿Porque una pareja que obliga a sus protagonistas a perder identidad?, a renunciar a la individualidad, es una pareja simbiótica, es decir, que la relación ocupa la totalidad de sus respectivas individualidades y constituye una especie de “búnker”, de “refugio nuclear” en el que atrincherarse para conjurar los supuestos “peligros” del exterior.

Por eso, si usted está viviendo una de esas relaciones que parecen “ideales” porque, por un pacto tácito, ninguno de los dos puede sacar la nariz más allá del círculo de la pareja para respirar aire fresco, ¡cuidado! Usted puede estar viviendo una relación simbiótica. Y una pareja simbiótica corre el peligro de transformarse en una pareja tóxica.

¿Mi pareja es simbiótica? Cómo reconocerla

Es muy importante que usted se formule esta pregunta y que se anime a responderla con valentía. Como sucede con cualquier tipo de enfermedad, la detección precoz de un vínculo que puede hacernos mal garantiza que podamos “curarlo”, hacerlo salir del círculo vicioso en que se debate para hacerlo entrar en un círculo virtuoso.

Por eso, a continuación, los signos que ponen en evidencia que una pareja es simbiótica:

Si tuviéramos que representarla gráficamente, podríamos incluir un círculo dentro de otro. Ambos deberían ser casi de igual tamaño. Si observamos este representación gráfica, nos daremos cuenta de que ambos círculos comparten un mismo espacio, todas las áreas son comunes y no existe ninguna que corresponda con exclusividad a un solo círculo.

  • Ninguno de los integrantes sabe reconocer a ciencia cierta dónde termina su individualidad y comienza la del otro.
  • Pronunciar la palabra “yo” constituye una serte de pecado mortal, porque significa “excluir” al otro.
  • Ambos integrantes de la pareja confunden amor con amalgama total y creen que la fuerza del vínculo radica en la disolución de la identidad individual.
  • No tienen amigos propios, sino comunes.
  • Cada uno pretende controlar la totalidad de la vida del otro, incluso las fantasías.
  • Toda actividad independiente de uno de los integrantes es vivida por el otro como una amenaza.
  • No salen nunca por separado y viven el inevitable tiempo de separación para ir a trabajar, por ejemplo, como una suerte de condena.
  • Tienen problemas para determinar si se sienten a gusto con la temperatura del cuarto, porque todo, hasta la intensidad de la calefacción, se decide de común acuerdo.

El término simbiosis proviene de la biología. El diccionario de la Real Academia Española lo define como “asociación de individuos, animales o vegetales, de diferentes especies en la que ambos asociados sacan provecho de la vida en común.” Si tomamos en cuenta esta definición, sería lógico preguntarse cuál es el provecho que los integrantes de una pareja simbiótica obtienen de una relación asfixiante. Los “beneficios”, por supuesto, son subjetivos, no pueden explicarse a través de la lógica cotidiana, sino a través de los subterfugios que utiliza la psiquis para lograr cierto equilibrio, aunque este “equilibrio” no sea tal y a la larga resulte nocivo.

¿Cuáles son estos supuestos beneficios?

. Reducir las dimensiones del mundo y volverlo, por lo tanto, más manejable. Si el universo entero es la pareja, se conjuran los peligros que pueda suponer el “afuera”.

. No correr el riesgo de tomar las riendas de la propia vida porque todas las decisiones son de a dos.

. No probar capacidades ni averiguar las potencialidades. Dado que renuncia a la vida propia, jamás el integrante de una pareja simbiótica tendrá posibilidades de comprobar si puede ser escritor, atleta, actor o cualquier de las cosas que soñó de chico. De esta forma se evita el riesgo a la frustración.

. Se “reducen” los niveles de incertidumbre. Si se determina que una pareja es un universo con leyes propias, nunca podrá suceder nada imprevisto que nos ponga a prueba. Por supuesto, esto es sólo una fantasía, pero funciona como pensamiento inconsciente tranquilizador.

Cuando la pareja simbiótica se convierte en tóxica

Con frecuencia, la falta de aire enrarece el ambiente y uno de los integrantes de la pareja siente que querría encarar la relación de otra forma, que necesitaría recuperar el espacio perdido. Otras, ambos integrantes comienzan a sentir un malestar que no pueden explicar, pero que, por supuesto, obedece a la “falta de oxígeno” a la que se han condenado al cerrar todas las ventanas que conectaban a la pareja con el exterior.

Entonces, ese idilio supuestamente ideal que hacía que ninguno de los dos pudiera ir al supermercado o al médico sin el otro, comienza adquirir un sesgo negativo. Ninguno de los dos plantea las cosas con claridad, ya sea porque no se anima o porque no tiene demasiado claro lo que sucede, pero sí resulta claro que comienza a instalarse un malestar intenso. Este es el punto de inflexión en que puede decirse que la pareja simbiótica se convierte en tóxica. ¿Cuáles son las características de la pareja tóxica?

  • Sus integrantes no están bien juntos, pero tampoco están bien separados, sino que viven un infierno de a dos.
  • Puede comenzar una escalada de peleas de gran violencia verbal. Luego de cada discusión los dos o sobre todo uno de los integrantes quedará muy dolido. Pero de inmediato surgirá la reconciliación y la promesa de que nunca más se dirán lo que se dijeron. Pero esta promesa será vana, porque esa reconciliación no hará más que realimentar el círculo vicioso y al poco tiempo, la pareja volverá a discutir en idénticos términos.
  • Comenzarán los celos infundados y obsesivos que pueden ser mutuos o de uno de los integrantes de la pareja hacia el otro. En cualquier caso, siempre habrá una buena excusa para que los celos estallen. Si el teléfono suena y han llamado equivocado, uno de los dos supondrá que, en realidad, ha llamado un amante. Si ella se arregla, él pensará que se arregla para otro y viceversa.
  • Cualquier actitud del otro será motivo de reproche.
  • Se instalará el juego del perseguidor y el perseguido. Cada uno será el perseguidor del otro o uno de los dos se transformará en el perseguidor y el otro en el perseguido.
  • Uno o ambos pretenderán manipular al otro para que haga su voluntad.
  • La pareja comenzará a ser la fuente de la disminución de la autoestima de los dos o de uno y esta disminución en la autovaloración  hará que se instale el terror a la soledad y que la relación se perpetúe por miedo de los integrantes a quedarse solos y “perderlo todo”.
  • Cada uno verá disminuidas sus posibilidades de realización personal y la pareja dejará de ser un estímulo para convertirse en un lastre.

Buenas noticias: las parejas pueden reciclarse

Como sucede en cualquier ámbito de la salud, también en el ámbito de la salud emocional, lo mejor es la prevención. Por eso, al menor signo de que su pareja es simbiótica, lo ideal será aplicar una “vacuna de independencia” para evitar que se transforme en tóxica. Pero también las parejas tóxicas pueden reciclarse. Afortunadamente, tenemos reservas emocionales y psicológicas que pueden activarse con una actitud positiva y algunos cambios en apariencia pequeños, pero fundamentales para revertir una situación que nos lleva a sufrir de a dos. Oxigenar nuestra pareja, cualquiera sea el tipo de relación al que hayamos llegado, es una posibilidad cierta y al alcance de todos. Es mucho lo que podemos hacer por nuestro vínculo amoroso para sacarlo flote. Pero, para lograrlo, es preciso tener conciencia de tres puntos fundamentales:

  • Existe un conflicto.
  • Ese conflicto puede resolverse.
  • La posibilidad de modificar positivamente la situación está en nosotros. Pero hace falta tomar la decisión y seguir al pie de la letra algunas sugerencias. Todos guardamos en nuestro interior una gran capacidad transformadora, reparadora. Sólo es preciso saber de qué forma activarla.

 

12 Tips para renovar el aire y mantener un vínculo positivo

  1. Preserve su individualidad. En una pareja saludable debe haber zonas comunes, pero también individuales.
  2. No renuncie al resto de sus afectos. Las amistades y la familia, junto con la pareja, son los tres pilares del bienestar psicológico. Los tres afectos no deben excluirse mutuamente.
  3. Realice todas las actividades que le hagan bien. Una pareja bien constituida no debe exigirle que renuncie a lo que tiene sobre usted un efecto positivo.
  4. No se “pierda” en el otro. Perderse en el otro puede resultar romántico en un bolero, pero a la larga genera toxicidad en el vínculo.
  5. Tenga en cuenta que las parejas que mantienen abiertas al mundo las ventanas, fortalecen su relación.
  6. Fortalezca su autoestima. No acepte como “natural” un vínculo que le hace mal. Usted merece lo mejor. Una autoestima fuerte es la mejor vacuna contra un vínculo tóxico.
  7. Integre a su pareja a su vida, pero no permita que la invada.
  8. Genere proyectos en común con su pareja, pero no renuncie a los proyectos propios.
  9. Reivindique ante su pareja sus aspectos positivos. No permita ser “juzgada” por una supuesta carencia.
  10. Resalte los aspectos positivos del otro en vez de alejarlo con agresiones.
  11. Ponga sus sentimientos en palabras y plantee sus necesidades y objeciones. La comunicación fluida impide que se instale la toxicidad.
  12. Mantenga siempre una actitud positiva hacia la vida en general y hacia su pareja en particular. Tener una actitud positiva significa confiar en las propias fuerzas para tener un vínculo que aumente nuestro bienestar y confiar también en nuestra posibilidad de “reciclar” positivamente

Lic. Beatriz Goldberg

Lic. Beatriz Goldberg
Autora de “Parejas Tóxicas” y de “Quiero estar bien Pareja”

Especialista en crisis, individuales, de pareja y familiares. Mi tarea se extiende más allá del consultorio en el que atiendo desde hace más de 30 años, ya que coordino talleres y ofrezco conferencias. Soy consultada asiduamente por distintos medios de comunicación que requieren mi asesoramiento en Argentina y en el exterior.

Además de mi actividad como docente, trabajé también en el Hospital neuropsiquiátrico Borda. Soy consultora y miembro de A.P.B.A. (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires).

He escrito numerosos libros: “Estoy a tiempo todavía”, “Parejas tóxicas”,“Quiero estar bien en pareja”, “Tuyos, míos, nuestros”, “Como voy a hacer esto a la edad que tengo”, “Tengo un adolescente en casa ¿qué hago?”y “No le tengo envidia a los hombres, Dr. Freud”, entre otros. Siendo este último elegido para guión de una obra de teatro homónima que fue representada nacional e internacionalmente.

Puedes acceder a todas sus publicaciones en: http://www.beatrizgoldberg.com.ar/


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