El ecofeminismo ve una conexión entre la explotación y degradación del mundo, con la subordinación y opresión que por años hemos sufrido las mujeres.

El ecofeminismo ve una conexión entre la explotación y degradación del mundo, con la subordinación y opresión que por años hemos sufrido las mujeres.

Dicen que las mujeres, al ser procreadoras y cuidadoras de vida, tienen un principio  similar al de la flora, mismo que les permitirá salvar el planeta. Así, en los años 70 surgió un movimiento llamado ecofeminismo, el cual ve una conexión entre la explotación y degradación del mundo, con la subordinación y opresión que por años hemos sufrido las mujeres.

El movimiento emergió junto a la segunda ola del feminismo y la ecología, y dice que la «psiquis natural” de las mujeres podría frenar el gran daño que le hemos ocasionado a nuestro planeta. El término «Ecofeminismo» fue utilizado por primera  en vez en 1974 por Françoise D’Eaubonne en su libro Le féminisme ou la mort .

Sin embargo, el origen e impulso de la corriente se dio gracias al ensayo «Primavera Silencios» (Silent Sprint), publicado en 1962 por la bióloga estadounidense Rachel Carson, un pilar de la llamada «Revolución verde”.

Para el feminismo institucional, la maternidad (por ende la lactancia y  cuidado de los menores) es algo de lo cual debemos «liberarnos» para el ecofeminismo. A través del principio natural de la maternidad podemos conectarnos con el mundo y con los demás seres vivos.

La conexión que tiene una madre con sus hijos, es un privilegio y goce que la misma vida tan sabia otorga. De esta manera, el ecofeminismo le quita al amor su connotación cursi y pretende que desarrollemos nuestras sensaciones y la conexión con la naturaleza.

Frente a las dualidades clásicas del pensamiento occidental: mente/cuerpo, naturaleza/cultura, masculino/femenino, el ecofeminismo sugiere un nuevo concepto de lo humano que vislumbre al ser en el mundo natural, al cual nunca ha dejado de pertenecer.

Los seres humanos nos enfrentamos al agotamiento de un estilo de desarrollo, caracterizado por efectos nocivos en la naturaleza y en los géneros, por la falta de equidad. A raíz de ello, se hace evidente la necesidad de avanzar hacia un nuevo estilo de vida, basado en criterios de sustentabilidad e inclusión.

La carencia de una perspectiva de género en la política mundial, incluida la medioambiental, es clara. En general, no se tiene en cuenta a las mujeres y su experiencia, pese a su gran función en la tierra. Sin embargo, el ecofeminismo ha cobrado nuevo sentido para muchas, quienes quieren otra forma de relacionarse con el mundo.

Con el objetivo de responder al desafío de dos magnas cuestiones, la contaminación y la opresión femenina, surge esta corriente, que pretende abolir el patriarcado y las prácticas dañinas a nuestro globo terráqueo. De esta manera, se nos plantea su otro mundo posible, el cual será construido por el hombre y la mujer, pero bajo la sensibilidad de esa última.

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