La empatía es la capacidad de ponerse en lugar del otro y saber lo que siente o lo que puede estar pensando.

La empatía es la capacidad de ponerse en lugar del otro y saber lo que siente o lo que puede estar pensando.

Las personas empáticas son las que mejor saben “leer” a los demás. Pueden captar mucha información a través del lenguaje no verbal, las palabras, expresión facial o el tono de voz. Esto les permite llegar a un conocimiento más profundo de las personas y crear relaciones y vínculos más fuertes con ellas.

Una persona empática deja de lado los prejuicios; escucha, está atenta a las necesidades de los demás, respeta y comprende las diferentes opiniones. Además, implica responder de una manera apropiada a la emoción que la otra persona está sintiendo. Por ejemplo, si una amiga te dice entre lágrimas que acaba de romper con su pareja y tú sonríes y exclamas: “¡Qué bien!”, no estás dando una respuesta empática.

Es muy probable que en tu entorno puedas encontrar varias personas empáticas. Estas pueden estar en el trabajo, el colegio o en tú mismo grupo de amigos.

Aquella amiga con la que sientes un vínculo especial porque cada vez que necesitas hablar sabes que ella te escucha y te comprende, es muy probable que tenga una elevada empatía. El compañero de trabajo que solo necesita verte a primera hora de la mañana, para saber que algo no va bien. La profesora de tu hijo que comprende que no puedas asistir a una reunión porque estás trabajando en un proyecto importante. Todos estos perfiles pueden ser personas empáticas.

Hay que tener en cuenta que la empatía puede ser utilizada de forma negativa para manipular a las personas. Además, es una parte importante de la inteligencia emocional, pero si esta no está bien consolidada puede que la persona empática se olvide de vivir su vida y sus problemas para vivir la vida de los demás.

Algunos expertos creen que se trata de una capacidad innata, ya que los niños pequeños pueden tener una elevada empatía. Sin embargo, dependiendo del entorno familiar y educación que reciba el pequeño esté podrá seguir siendo empático en la vida adulta o no.

Por otro lado, la empatía es una cualidad que se puede aprender. Para ello, debemos empezar a escuchar a los demás y no centrarnos solo en nuestras palabras y en lo que vamos a decir después. Dejar atrás los prejuicios y ponernos en la situación de los demás para poder entender lo que sienten y piensan. Para ser una persona empática hay que “ponerse en los zapatos del otro”.

¡Ponlo en práctica a partir de YA!

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