Todas las culturas han desarrollado objetos eróticos, sin embargo, la imaginería erótica que se formó es una obra enteramente masculina

Todas las culturas han desarrollado objetos eróticos, sin embargo, la imaginería erótica que se formó es una obra enteramente masculina

Elsa es feminista y todos los jueves va a sus charlas sobre los derechos de la mujer, además trata  de usar un lenguaje inclusivo en sus conversaciones. Sin embargo, se siente algo incómoda, pues recientemente su novio le pidió más acción en la cama.

Su pareja  le dijo que quería innovar y  le pidió que para una noche de pasión se depilara el área de bikini, pusiera tacones muy altos y un corsé. Lo que le dijo le molestó un poco, dado que Elsa es de las chicas que usa zapatillas cómodas y poco maquillaje, pues pretende sentirse bien con lo que usa.

Ante la petición, Elsa no supo qué decir, pues por un lado amaba mucho a Luis, su novio; pero por otro le parecía nefasto usar tacones, los cuales nunca agarraba; o depilarse, sabiendo que después los pelos le crecerían y le darían comezón, o vestirse con una prenda tan apretada como un corsé, que no la dejaría moverse libremente: “¿es qué no soy sexy sin eso?” – pensaba.

Después de meditarlo mucho, Elsa le dijo a su pareja que si lo haría, aunque siempre se había preguntado quién habría creado estos aparatos eróticos tan molestos, que si bien le ayudaban a hacer la noche especial y deleitar los sentidos de su novio, pasaban por encima de su comodidad; tal vez esto iba en contra de su pensamiento de liberación femenina, pensó.

Años atrás, todas las culturas han desarrollado objetos eróticos más o menos parecidos, ante ello Beatriz Pottecher dice en su libro Artefactos Eróticos que «hasta ahora   el erotismo ha sido un tema clásico, pudibundo y sujeto a estrictos cánones, reinterpretados en todo caso con cierta picardía personal: un erotismo idealizado y personalizado», el cual ha sido creado bajo la visión masculina.

Es decir , todo aquello que nos parece erótico, no siempre es tan cómodo para la mujer, pero sí visualmente rico para el hombre. La respuesta a eso es que todo fue ideado y vendido por el género masculino, con lo que sentenció qué es erótico y que no.

Así, la experta feminista explica que la imaginería erótica que se formó es una obra enteramente masculina. Está «dirigida a una audiencia erótica (y reprimida) compuesta en su mayoría de hombres; aún no existe un arte erótico dirigido o basado e las necesidades, deseos y fantasmas eróticos femeninos».

Se dibuja así una poco compartida manera de  vivir esta área de nuestra a sexualidad,  en  la cual lo excitante u erótico está sujeto a los deseos masculinos, por lo que la comodidad para la mujer sobra.

Los objetos eróticos son un fenómeno social creados a una escala de masas, los cuales se encargan de “cosificar” a la mujer y volverla un objeto digno de deseo.

Lo sensual está en lo suave, lo sinuoso, lo húmedo, pero quizá también en aquello que descubre intimidad en la sutileza. Sin embargo, con el tiempo se marcaron estándares de cómo debían ser los objetos eróticos, todo bajo una óptica masculina, que poco conocía de los deseos o necesidades de la mujer.

Las feministas dicen que esto es “cosificar” a las mujeres y reducirlas a instrumentos de placer sexual. Se incluye la concepción de un ideal de belleza creada con estos aparatos, que nos dicen qué es deseable, un símbolo del estereotipo de mujer ideal, estilizada, alta y con piernas largas.

El problema radica en que cuando algo gusta, muchas veces es por su simbolismo más que como objeto en sí mismo. Los tacones o los corsés, por ejemplo, son buscados por las mujeres porque representan la belleza femenina más sensual, que llama la atención del sexo opuesto o el propio para marcar territorio o ejercer el poder.

De esta manera, es preciso decir que si tenemos pareja y esta nos pide algo como lo que le pidieron a Elsa, es posible aceptar, siempre y cuando no lo hagamos para sentirnos mejor o más mujeres, sino porque realmente queremos. De lo contrario  puede haber un problema de fondo, el cual está en nuestra mente cambiar, ya que erotismo va más allá de algo físico.

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