Al haberse puesto el punto de mira sobre la cuestión de la friend zone, comienzan a resonar voces discordantes que reconocen que las mujeres son personas cuyas decisiones merecen ser respetadas.

Al haberse puesto el punto de mira sobre la cuestión de la «friend zone«, comienzan a resonar voces discordantes que reconocen que las mujeres son personas cuyas decisiones merecen ser respetadas.

Ya hace algunos años que la palabra friend zone se escucha por doquier en las terrazas de los bares, entre grupos improvisados de colegas del trabajo; se lee en foros, artículos, redes sociales… Seguro que has oído hablar sobre ella, pero, ¿qué es exactamente eso de la friend zone?

El término viene del inglés friend (amigo) y zone (zona) y por ejemplo en España equivaldría a nuestro castellano «pagafantas». Determina la situación en el que una persona (que, curiosamente, suele ser una mujer) se limita a ser amiga de un hombre, usándolo para su propio beneficio sin obsequiarle con nada más allá de la mera amistad. Poca cosa, ¿no? El amigo por obligación se lamenta de que esta chica desalmada salga con un sinvergüenza que no la trata bien mientras que él se desvive desempeñando el papel de chico bueno.

El Urban Dictionary lo explica de este modo: «[La friend zone] es lo que obtienes cuando no consigues impresionar a una mujer que te atrae. Normalmente comienza con la chica diciendo «Eres un buen amigo». Suele asociarse a largos días de sufrimiento, viendo como el objeto de tu amor encadena relaciones problemáticas. Ejemplo: «Me gasté un dineral en la cita para que ella terminase poniéndome en la frien zone«». ¿Os llega el tufo despectivo?

El problema con la friend zone es que implica que la chica, como objeto de deseo, tiene la obligación de acceder tener algo más que una amistad con su amigo en compensación por tratarla bien y hacerle favores.

Tanto mujeres como hombres debemos ser conscientes de que cuando nos gusta una persona pueden pasar dos cosas: que esta atracción sea correspondida o que no. En el primer caso, es todo estupendo. Pasará lo que tenga que pasar y nadie se sentirá rechazado. Sin embargo, cuando no nos corresponden, llegan los problemas. Por un lado, podríamos sentirnos felices porque, a pesar de no poder optar a una relación sexual y/o amorosa, esta persona nos gustaba por muchos motivos de los que aún podremos disfrutar si somos amigos. La cuenta sigue saliendo rentable, ¿no te parece?

No obstante, el otro lado de la moneda es bien distinto. La mayoría de la gente considera el caer en la friend zone como un fracaso, incluso una afrenta contra la propia masculinidad y quién sabe si como una maliciosa trama por parte de la mujer para manipular al pobre «chico bueno».

La conclusión a la que deberíamos llegar es que, aunque el rechazo nunca sea un plato de gusto, hemos de ser conscientes de que nadie está obligado a corresponder el interés romántico. El amor y el sexo están muy bien, son necesidades humanas, pero no es algo a lo que tengamos derecho, por lo que nadie se lo debe a nadie, sean cuales sean las circunstancias.

Fustigar a las mujeres que rechazan a los hombres que muestran interés por ellas es sexista, contradice cualquier pensamiento de igualdad y promueve la arcaica idea de que la mujer no tiene nada interesante que ofrecer más allá del sexo.

Al haberse puesto el punto de mira sobre la cuestión de la friend zone, comienzan a resonar voces discordantes que reconocen que las mujeres son personas cuyas decisiones merecen ser respetadas.

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