Como personas que somos, todas tenemos nuestros ratos buenos y nuestros ratos malos.

Como personas que somos, todas tenemos nuestros ratos buenos y nuestros ratos malos.

Como personas que somos, todas tenemos nuestros ratos buenos y nuestros ratos malos. A veces estamos felices porque nos pasan cosas buenas, otras veces nos encontramos desanimadas porque nos pasan malas, en ocasiones estamos contentas aunque no todo nos salga a pedir de boca y, a veces, más incomprensible aún, estamos de mal humor aunque no tengamos motivos para quejarnos.

Antes de nada, hemos de ser conscientes de que, en principio, esto es lo normal. No podemos pretender que nuestro estado de ánimo siempre sea estable. Independientemente de las circunstancias externas, nuestro estado mental no es estático, sino que varía constantemente.

Quizá en el caso de nosotras las mujeres estos cambios puedan llegar a ser aún más drásticos dado el rol que juegan nuestras hormonas en los cambios de ánimo. Desde la pubertad y hasta la menopausia especialmente, las mujeres experimentamos campos relacionados con el sistema endocrino que pueden llegar a afectar fuertemente a nuestro estado de ánimo. ¿Por qué? Porque las hormonas determinan la acción de los neurotransmisores, los cuales se encargan de transmitir información de una neurona a otra. Blanco y en botella, ¿no?

Como ya sabes, las mujeres somos cíclicas. Nuestros ciclos menstruales, aunque varían de una mujer a otra, suelen durar unos 28 días. Este ciclo tiene dos fases bien diferenciadas, que son la fase folicular y la fase lútea. La primera de estas fases se corresponde con los días previos a la ovulación (que se produce en la mitad del ciclo) y nos hace estar más alertas y con un deseo sexual más acentuado, con el objetivo de favorecer la fecundación. Cosas de la naturaleza, vaya. Así, durante estos días, la mujer se siente más segura de sí misma y con un mejor estado de ánimo. En cambio, durante la fase lútea, es frecuente la retención de líquidos, los dolores abdominales, la sequedad genial, la inestabilidad emocional. En resumen, muchas mujeres nos encontramos de mal humor, tristes sin motivos aparentes, desanimadas, desganadas, etcétera.

Además de las razones hormonales, existen otros factores que pueden desencadenar una tormenta emocional y que ¡por suerte! son más fáciles de solucionar.

Disfrutar de un buen descanso cada noche es importantísimo. Muchos especialistas relacionan la falta de sueño con trastornos de depresión y ansiedad. Si crees que estás llevando unos horarios desordenados y que no descansas correctamente, es muy importante que te establezcas unos horarios y que los cumplas. Lo más recomendable, a poder ser, es acostarse temprano y levantarse pronto. Si te cuesta conciliar el sueño, prueba a aplicar unas gotas de aceite de lavanda en las sienes al irte a dormir. Otras opciones son la infusión de valeriana o de tila.

Ten en cuenta que también hay muchos fármacos que tienen efectos secundarios. Los corticoides o los somníferos están relacionados con cambios en el estado anímico. Si crees que este puede ser tu caso, no esperes más para consultar a tu médico. En ningún caso cortes la medicación sin autorización o te automediques.

Como he dicho, los cambios de humor son normales y naturales, pero si crees que tu problema puede ir más allá de todo eso, no dudes en recurrir a un médico. Un profesional siempre será la mejor opción y podrá ayudarte a encontrar la causa de tus cambios de humor y, seguramente, una solución especialmente adaptada a tu caso.

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