Descubrimos una historia con alma de alguien con una gran humanidad como es María. Haber sufrido anorexia y bulimia le hizo crecer personal y emocionalmente. Los trastornos de alimentación, en aumento, nos recuerdan lo mucho que debemos trabajar por un mundo más sano. María, con su historia, intenta ayudar a las que están en el mismo lugar que ella hace unos años.

Descubrimos una historia con alma de alguien con una gran humanidad como es María. Haber sufrido anorexia y bulimia le hizo crecer personal y emocionalmente. Los trastornos de alimentación, en aumento, nos recuerdan lo mucho que debemos trabajar por un mundo más sano. María, con su historia, intenta ayudar a las que están en el mismo lugar que ella hace unos años.

“Soy una chica normal en un mundo como este. No creo que mi situación sea ni haya sido diferente a la del resto de chicas, sin embargo, eso me preocupa. Me preocupa que vivamos en una sociedad donde los problemas de alimentación aumenten cada día, tanto entre hombres como mujeres. Por haberlo padecido y por ser una persona a la que le gusta descubrir la esencia humana me parece que no debemos parar en nuestro crecimiento y sanación.

Mi problema con la alimentación comenzó a los 18 años, aunque claro, esto solo fue la “punta del iceberg”. Con el tiempo y con ayuda psicológica fui descubriendo que el iceberg era mucho más hondo, y que finalmente el problema de alimentación que sufrí tan solo fue una representación de la falta de valía y respeto que sentía hacia mí misma. Una persona completamente minada interiormente que buscó una figura física atractiva para ser valorada a mis ojos y a los ojos de los demás. Recuerdo una fiesta importante en aquella época, donde mis amigas eran guapas y delgadas, yo quería ser una más, por lo que comencé a hacer “tonterías”. Para mi hacer tonterías significaba –y significa hoy día- dejar de comer durante días o vomitar tras comer.

Desde pequeña me había sentido mal conmigo misma, pues nunca fui tan delgada como deseaba. A eso se unen los mensajes sociales y familiares, los cuales no supe afrontar y me hicieron sentir que yo valía menos que cualquier otra persona. Vivir y crecer en una ciudad como Barcelona marca más aún el estereotipo e ideal de belleza, lo cual creo que también influyo.

No pedí ayuda, aun viéndome caer a un pozo que no sabía lo profundo que podía ser ni donde podría llevarme. Todo esto lo descubriría más tarde, cuando por fin pude ir madurando y creciendo interiormente. Con el tiempo, haciendo tonterías, me sentía mejor, más delgada, más similar a mis amigas, comenzaba a tener admiración social y atraer a los chicos. Mi sensación era excelente, pues había conseguido aquello que tanto ansiaba.

Sin embargo, pasado el tiempo mis padres me pillaron vomitando, una práctica que se había convertido en habitual en mi día a día. Fue realmente vergonzoso, pero fue el inicio del fin. Y esto agradecida. Fue este el momento que caí en la cuenta de que algo sucedía, algo no estaba bien. Mis padres, que me ayudaron desde el primer momento buscaron ayuda. Psicólogo, psiquiatra, nutricionista y endocrino, todo para mí. Todo para comenzar mi camino hacia la sanación.

En esta época encontré vital la figura de mi psicóloga, ella me ayudó a comprender qué me pasaba, el bucle en el cual andaba metida y cómo podríamos solucionarlo. Fue este el momento en el cual comencé a trabajar en mí. No fue fácil, hubo muchas, muchísimas caídas que me hacían dudar de poder salir del pozo. Pero con muchísimo esfuerzo pude, fui recuperando mi esencia interior. Aprendí mucho sobre el ser humano y aprendí a conocerme, valorarme y respetarme.

Hoy en día mantengo una señal de alarma para no volver caer, ya que la alimentación es el mecanismo que ha aprendido mi cuerpo para reaccionar ante situaciones de estrés. Pero hoy todo es más fácil, siento cariño y comprensión hacia mí misma. Hoy soy feliz.

La vida puso este reto para mí, para otras personas será diferente. Los frutos que me dejó fueron adquirir una fortaleza inmensa en mi misma, conocerme y madurar. He aprendido muchas estrategias para controlar otros impulsos y mantenerme en equilibrio. Pero sobre todo he aprendido que una persona no es más o menos válida por su físico. La valía es interna, y hasta que tú misma no consigues valorarte y quererte es difícil recibirlo del exterior.

¿Qué enseñanzas nos deja la historia de María?

Esta historia nos habla de un problema en aumento como son los trastornos de alimentación. Los mensajes sociales hacen que estos continúen en aumento y muchas mujeres encuentren en comer o dejar de comer una solución a sus crisis emocionales. Es realmente peligroso iniciar y crear un bucle así, el cual esconde inmadurez emocional, falta de valía y distorsión de la realidad. Sin duda la gran enseñanza de esta historia es que pidiendo ayuda saldremos de esta situación tóxica y patológica, y mejor aún, creceremos interiormente. Dejaremos de necesitar y ser adictas de este tipo de conductas para poder llevar una vida más libre y saludable.

Si te has sentido reconocida con la historia de María te invito a que comiences un camino hacia la sanación. Todo es mejorable y existe solución. No dudes en pedir ayuda.

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