María Félix y todas sus guerras

Bella, soberbia y entregada así fue la actriz más trascendente de su tiempo, logró convertirse en La Diva mexicana, para pasar a la historia como una leyenda del cine.

 

Nacida en Álamos Sonora en 1914, María de los Ángeles Félix Güereña, creció en una familia amorosa donde recibió  el cariño predilecto de su madre Josefina, quien le enseñó cómo defenderse de la vida y  como ser bella  con lo que poseía y  la disciplina de su padre Bernardo un político y militar con descendencia de indios yaquis, un hombre duro de maneras estrictas  al que ninguna mujer le levantó la voz en su vida a excepción de la misma María Félix que desde pequeña con su carácter rebelde y libre se atrevió a alzar la voz a su padre quien gritaba de una forma que alucinaba a cualquiera, esa es una de las tantas anécdotas que cuenta la máxima leyenda femenina del cine mexicano en el libro Todas Mis Guerras(Editorial Clío, 1993).

 

Era de una belleza soberbia con unos ojos grandes y enigmáticos,  obstinada,  y sin miedo a expresar sus pensamientos, así fue María Félix, la cual se enamoró por primera vez de Pablo, uno  de sus doce hermanos, mayor que ella, atractivo y viril físicamente parecido a ella, con quien  sintió un amor especial que  marcaría los primeros años de su vida “el perfume del incesto no lo tiene otro amor”, expresó la Doña, sin embargo su madre al darse cuenta de  que los hermanos estaban enamorados, mandó a Pablo a estudiar a un colegio Militar en la Ciudad de México.

Cuenta María Félix que nunca se llevó bien con sus hermanas, las cuales eran rubias todas por herencia materna y ella por su padre heredo la cabellera morena que la hacía distinguirse de entre las demás hermanas. Siempre prefirió los juegos de hombre en donde se ensuciaba, brincaba y se montaba a los árboles  con sus hermanos.

Su inicios en el Cine, tuvo un precio grande el rechazo de su propia familia, su padre no podía con la idea de que una de sus hijas se dedicara a la actuación, en aquella época ser actriz era una deshonra, pero María Féliz no se doblegó ante el tajante rechazo de aquel hombre al que ella quería a pesar de su carácter. “Yo quería seguir cabalgando a pelo y para ello tuve que rebelarme contra la familia, contra el yugo de los afectos que matan. Ésa fue mi primera guerra: la guerra por decidir el rumbo de mi destino”, expresó la diva mexicana en su libro “Todas mis guerras”.

María Félix  poseedora de uno de los rostros más bellos de su tiempo, confesó en alguna ocasión que no tenía aspiraciones de ser famosa y mucho menos un mito del cine de su tiempo su mayor intención era ser independiente económicamente, logró convertirse en la gran Diva del cine mexicano, filmando 40 películas en las que destacaba con sus distintos personajes a veces la mujer dura y vengativa con los hombres, la femme fatale, la dulce enamorada , la mujer fuerte y valiente capaz de dirigir un ejército

Lo que más nos  impresiona de “La Doña” es su visión del mundo, como una mujer que pareciera haberse adelantado a su tiempo con ideas muy distintas a las demás chicas de su época que esperaban con resignación y a veces alegría un destino a la lado de un marido y criando hijos a la manera habitual de las mujeres mexicanas.

Su carácter fuerte e indomable la hizo escalar peldaños en un campo desconocido para ella como la actuación el cual enfrentó con la disciplina y compromiso. De talante aguerrido y honesto a veces considerada soberbia por exigir lo mejor para ella, jamás se vendió a un hombre, siempre fue  fiel a sus ideas y  principios, nunca fue conformista y siempre mantuvo su curiosidad por  la vida, la cual considera su  secreto de belleza.

En el amor fue apasionada sin embargo nunca sumisa en el carácter, sus romances más emblemáticos fue el que mantuvo con Agustín Lara, y Jorge Negrete.

Antes de leer Todas mis guerras, desconocía muchos datos sobre la vida de Diva, jamás había sentido curiosidad por aquella mujer a la que consideraba talentosa claro, pero también soberbia y creída, pero al adentrarme en las páginas del libro, entre anécdotas de una vida maravillosa llena de éxitos, conquistas, amores, cine, arte, ciudades y países, sentí una profunda admiración y respeto por María Félix, porque supo luchar por lo que creía que merecía en la vida, por no esperar ser  una más del montón, por su inteligencia y su entrega a su carrera, por rechazar lo que no iba acorde con sus principios y por nunca doblegarse ante nadie por dinero o conveniencia.

 


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