Muchas mujeres han encontrado formas divertidas de autocomplacerse y se ha vuelto inseparables de sus dildos. Y, pese a que en la vida real, la palabra "masturbación" cause cierta molestia, en la práctica un vibrador se vuelve a veces la más fiel y enardecida compañía.

Muchas mujeres han encontrado formas divertidas de autocomplacerse y se ha vuelto inseparables de sus dildos. Y, pese a que en la vida real, la palabra «masturbación» cause cierta molestia, en la práctica un vibrador se vuelve a veces la más fiel y enardecida compañía.

Kelly es una joven profesora de idiomas que vive en Inglaterra y tiene una vida  sexual activa y medianamente buena. Este calificativo surge a raíz de que solo logra tener orgasmos masturbándose, más no con una pareja.

Ahora que es soltera ha encontrado formas divertidas de autocomplacerse y se ha vuelto inseparable de su dildo rosa. Y, pese a que en la vida real, la palabra «masturbación» le causa cierta molestia, en la práctica su ancho vibrador se ha vuelto la más fiel y enardecida compañía.

El problema es que no ha sentido el mismo placer con los hombres, ni con sus propias manos, por eso comenzó a pensar que algo andaba mal con su forma de alcanzar el clímax.

Sus parejas sexuales no la han hecho sentir ni cerca de lo que ocasiona su colorado y vibrante amigo, al que guarda celosamente en el cajón de su mesa de noche.

Cómo Kelly descubrió la masturbación femenina

Un día, harta de solo conseguir satisfacción sexual con una máquina, decidió despedirse del tan preciado aparato y acercarse a una experta que le enseñe más sobre la masturbación.

Kelly emprendió un viaje a la cosmopolita ciudad de Nueva York, donde la esperaría la famosa abuela de la masturbación, la doctora Betty Dodson. La experta que ayuda a las mujeres a encontrase y conocer más su cuerpo, saber qué les gusta y que las lleva a explotar sus sentidos.

En la primera cita, Kelly le dijo a la doctora que actualmente no tenía pareja, pero quería aprender a disfrutar de su sexualidad. A lo cual, la experta le señaló muy atinadamente que está con ella misma y que por ella debe de iniciar la relación sexual.

Después,  la doctora le pidió a Kelly que se acostara y la invitó a tocarse y a reconocer las partes de su vagina. Así,  con las piernas abiertas, sin ropa interior,  y con espejo en mano exploró sus labios vaginales, vulva y clítoris (aunque este último le costó más trabajo para reconocer).

La mujer de 29 años de edad vio qué partes conformaban su tan hermosa flor. Después Betty procedió a darle lubricante para que iniciara su estimulación. Al principio, Kelly sentía vergüenza con la doctora, pero solo por un momento, porque después se olvidó de sus presencia y frotando suavemente sus intimidad probó movimientos suaves y rápidos, que le ofrecieron un panorama más amplio de sus sensaciones.

«Como orientadora puedo llevarlas hasta el punto que su cuerpo sabe que debe seguir solo. Es algo instintivo, el cuerpo lo reconoce», explicaba la galena de cabello gris. A través del reconocimiento de sus sensaciones consigue que quienes acuden a ella aprendan a masturbarse y sobretodo a conocerse.

La doctora le explica que Kelly debe ser paciente y «fantasear con el escenario ideal» para conseguir el clímax sin su dildo, como lo acaba de hacer momentos atrás.  Se trata de conocer los rincones de su cuerpo y darles importancia a  cada uno de ellos.

Ahora Kelly sabe cómo darse placer sin una máquina y está más segura de qué pedirle a su próxima pareja. Vive su sexualidad sin prisas y decidió que la imaginación y el deseo serán sus mejor aliados para llegar al clímax.

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