No estoy conforme con mi cuerpo. ¿Qué hago?

La disconformidad corporal puede transformarse en patología. Claves para amigarse con el espejo y mejorar la imagen de una manera saludable.

Mi experiencia como psicóloga me permite a afirmar que nadie se gusta tal cual es. Aun las mujeres más lindas y los hombres más atractivos modificarían algo de su cuerpo.Pero dado que las mujeres son las más bombardeadas por la sociedad con exigencias estéticas, son ellas las que ponen en evidencia este desagrado con mayor frecuencia.

¿Dado que está tan extendido este desagrado puede considerarse normal?  Existe un grado de disconformidad con uno mismo que no sólo es normal, sino que es, además, positivo. Si estuviéramos totalmente conformes con nuestro nivel intelectual, por ejemplo, no intentaríamos superarlo, si estuviéramos absolutamente conformes con nuestro cuerpo no tendríamos incentivos para cuidarlo, tratar de mejorarlo y agradar. Lo que define la diferencia entre normalidad y anormalidad es una cuestión de grados. Ir al gimnasio dos o tres veces por semana y hacer una dieta equilibrada pone en evidencia un grado de disconformidad positivo con el cuerpo, ya que esta disconformidad es el motor de cuidados que le darán salud y belleza.  Pero cuando el cuerpo se transforma en una preocupación obsesiva, el espejo nos devuelve una imagen distorsionada y angustiante y la entrada al quirófano para “mejorar” nuestra silueta se transforma en una conducta habitual, señal de alerta. De la disconformidad normal que nos lleva a mejorar hemos pasado al terreno de la disconformidad fóbica que puede poner en peligro la salud con dietas inadecuadas, exceso de ejercicio y adicción a las cirugías. El cuidado obsesivo del cuerpo no revela amor por él, sino más bien todo lo contrario, pone en evidencia una fobia que lo lleva a ignorar su conformación para intentar modelarlo a imagen y semejanza de un ideal que siempre será inalcanzable porque ese ideal implica la perfección. Esta fobia hacia el propio cuerpo se llama “somafobia” (“soma” quiere decir cuerpo) y no hay que subestimarla porque es la manifestación de un desequilibrio psicofísico que puede ocasionarnos serios trastornos.

Si usted, como todo el mundo, está disconforme con su cuerpo, debe tener en cuenta el grado en que se manifiesta esa disconformidad para saber de qué lado de la línea de normalidad se encuentra. Ante la más leve sospecha de que se ha pasado a la zona roja que indica peligro, es preciso recurrir a un terapeuta. Él trabajará, sobre todo, las diversas fobias –todas ellas esconden algún miedo inconsciente que es preciso sacar a la superficie– que se depositan en el cuerpo, es decir, que producen “somafobia”.

Mientras tanto, nos encontremos en el lado que nos encontremos de la línea de normalidad, no debemos “preocuparnos” sino “ocuparnos” de nuestra disconformidad con nuestro propio cuerpo. Un terapeuta, un nutricionista y un buen cirujano podrán darnos algunos tips para modificar conductas agresivas hacia nuestro cuerpo, pero llegar a la consulta con cada uno de estos profesionales y confiar en su palabra más que en nuestro criterio –que puede tener la parcialidad que produce la “somafobia” – es preciso tomar conciencia de varias cosas:

Nuestro cuerpo no es un “envase”, sino que es parte sustancial de nuestra identidad. Por lo tanto, si sentimos necesidad de cambiarlo en su totalidad, de convertirlo en lo que no es, es muy posible que la disconformidad que se manifiesta en el cuerpo tenga un origen mucho más profundo. Quizás no estamos autoconformes en otros niveles más profundos: no nos gusta cómo somos, no nos gusta la profesión o la actividad elegidas, no nos gusta la pareja que hemos formado o no nos gustan otras cosas que ni siquiera nos atrevemos a confesarnos.

Firmar una tregua con el cuerpo y amigarse con él puede ser muy beneficioso para ponernos a pensar en lo que nos pasa realmente. Es útil firmar un pacto tácito de no agresión por un tiempo bien acotado: un mes, dos meses, o lo que se considere necesario para hacer un ejercicio de introspección.

Es preciso saber que existe una diferencia sustancial entre una dieta hipocalórica y una restricción calórica descabellada. Las dietas demasiado bajas en calorías producen, a la larga, efecto rebote, porque como no se pueden sostener en el tiempo, propician “atracones” y exceso de permisividad en la ingesta cuando ya nos hemos cansado de ella. Entonces no sólo se recupera el peso perdido, sino que, además, se agregan más kilos que los que se tenían inicialmente. Hay que prestar especial importancia a los atracones. Si se levanta a comer por la noche, si come a escondidas con conciencia culpable, si compensa comiendo el malestar que le producen los picos de estrés,  si frente a un plato de comida siempre termina cediendo a la tentación, ¡cuidado! Todo estos signos indican que tiene una relación conflictiva con la comida cuyas causas deberá averiguar consultando a un terapeuta especializado en el tema.

Operarse la nariz, borrar las arruguitas que se forman en torno de los ojos o ponerse lolas puede ayudar a que nos sintamos mejor, pero si confundimos al cirujano con un escultor capaz de cincelar nuestro cuerpo según nuestro capricho, ya nos encontramos en el terreno de la “adicción a las cirugías” que, como toda adicción, es perniciosa.

Las dietas, el ejercicio, lo tratamientos en gabinetes y las cirugías pueden ser nuestros aliados a la hora de mejorar nuestra imagen corporal. Sin embargo, solemos dejar de lado los métodos de embellecimiento natural y saludable de los que podríamos echar mano si no estuviéramos corriendo siempre detrás de los métodos artificiales. Está comprobado que una vida afectiva y sexual armónica disminuye el estrés y, por lo tanto, los deseos de comer en exceso. Además, el bienestar espiritual que da una relación de pareja armónica o la realización de actividades gratificantes produce una suerte de “lifting” natural que nos hace vernos más jóvenes. El entusiasmo vital genera brillo en los ojos y en la piel. Por lo tanto, deberíamos trabajar en procurarnos bienestar. Aunque nadie lo promociona como método de belleza, constituye uno de sus pilares. Si encontráramos actividades y afectos que nos produjeran bienestar, nuestra disconformidad con nuestro cuerpo disminuiría y podríamos movernos más plástica y naturalmente, con lo que le agregaríamos una dosis de belleza que los especialistas en esos temas nunca suelen tener en cuenta.

La consulta a un terapeuta y a un nutricionista serán de gran utilidad para evitar interpretaciones equivocadas sobre nuestros problemas y dietas que nos produzcan efecto rebote. Ellos podrán indicarnos algunos tips capaces de modificar tanto la relación con nuestro cuerpo como los hábitos alimentarios y la forma de encarar el ejercicio físico para transformarlo en nuestro aliado y no en nuestro enemigo. Ante cualquier indicio de “somafobia”, no se guíe por los consejos psicológicos de la amiga ni por la dieta que le dio buen resultado a la vecina. Consulte a profesionales idóneos: ellos serán los encargados de guiarla por el camino de la reconciliación definitiva con su cuerpo.


Beatriz GolbergLic. Beatriz Goldberg
Autora de «No estoy conforme con mi cuerpo. ¿Qué hago?”

Especialista en crisis, individuales, de pareja y familiares. Mi tarea se extiende más allá del consultorio en el que atiendo desde hace más de 30 años, ya que coordino talleres y ofrezco conferencias. Soy consultada asiduamente por distintos medios de comunicación que requieren mi asesoramiento en Argentina y en el exterior.

Además de mi actividad como docente, trabajé también en el Hospital neuropsiquiátrico Borda. Soy consultora y miembro de A.P.B.A. (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires).

He escrito numerosos libros: “Estoy a tiempo todavía”, “Parejas tóxicas”,“Quiero estar bien en pareja”, “Tuyos, míos, nuestros”, “Como voy a hacer esto a la edad que tengo”, “Tengo un adolescente en casa ¿qué hago?”y “No le tengo envidia a los hombres, Dr. Freud”, entre otros. Siendo este último elegido para guión de una obra de teatro homónima que fue representada nacional e internacionalmente.

Puedes acceder a todas sus publicaciones en: http://www.beatrizgoldberg.com.ar/


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